Dormir sin tu respiración tranquila sobre mi pecho.
Despertar y no verte ahí.
Sin el olor a tus abrazos, a tus caricias y a tus mil besos.
Sin el olor a tu sonrisa, a tus ojos, a tu pelo.
... Sin ese olor a ti.
Como al principio, evocar su recuerdo le puso la piel se gallina, le erizó el vello de la nuca y un escalofrío recorrió su espina dorsal. Cuando se quiso dar cuenta, estaba temblando. Del miedo a perderla, de la felicidad que sentía en momentos así.
¿No te hago feliz?
Le había preguntado Dánae. Ilusa. Feliz es un término escueto, vacío en sí. La felicidad es tan relativa que ni siquiera debería tener un nombre concreto. La felicidad sólo reside en cada uno cuando dejamos de intentar alcanzarla, cuando, simplemente, nos llega. Y lo sabemos. Sabemos que somos felices.
Son pequeños detalles, detalles que me recuerdan que debo apreciar cada minuto a su lado, que debo quererla por encima de todo lo que se venga encima.
Porque son los pequeños detalles los que me dan las dosis perfectas de felicidad.
Porque somos indestructibles... Porque queremos serlo.
... like a little piece of heaven...
Y, así, fijarme en todo: En el tacto de las sábanas deslizándose sobre tu piel, en la forma que un suspiro puede alcanzar en el aire, como el humo de un cigarro. Sentir tus manos aferrándose a mi espalda y ver cómo se inclina tu cuerpo hacia delante cuando mi boca pide un beso. Sentir los gemidos, los susurros al oído. Apreciar cómo con cada gesto me atraes más y más hacia ti hasta permanecer pegadas, fundidas en un mismo abrazo del que jamás me pudiese soltar, estatua impura de un momento perfecto. Dejar que el aire entre por la nariz y respirar profundamente, pensar en cada uno de los sentidos, en cada uno de ellos. Siente lo que sientas, observa lo que veas, escucha todo lo que oigas, saborea cuanto pruebes, huele cuanto pase por tu nariz. Crea con eso tu momento, vuestro momento, y que nadie pueda intervenir ni modificarlo. Disfruta de cada beso, cada caricia, cada enredar los dedos. Disfruta de los arañazos voluntarios, y más aún los involuntarios; del tacto de su lengua sobre tu piel. Disfruta de lo que se siente cuando sus piernas rodean tu cintura, de lo que se siente cuando el deseo es palpable en el ambiente.
ínfima de mar que de repente me llega, haciéndome sentir "como en casa"... Y es que, sin yo quererlo, ese lugar donde estoy con ella, y con tantos otros que me han calado como hermanos, ya se ha convertido en mi hogar, en el sitio que realmente siento como mío... Allí donde el sonido de las gaviotas es lo único que se oye en los exámenes, y donde el olor a ría -DAG- entra por la ventana. Y sí, la ría huele mal... Pero, como quien dice, ya la siento como mía. Y todo esto para decirte que, ya que he comenzado a andar este camino de adultos cogida de tu mano... Me gustaría poder terminarlo también contigo... Dure lo que dure ese camino....jpg)